
La tecnología del acero y hormigón surgida a finales del S.XIX permitió resolver la estructura de un edificio mediante vigas y pilares. De este modo se liberó a las fachadas de su función sustentante. Hasta ese momento tenían que estar conformadas por gruesos muros de fábrica en los que sólo se podían abrir unos pocos huecos, muy verticales. Desde entonces se pueden construir delgadas fachadas y abrir en ellas grandes ventanales de forma que la luz invada el interior. Algo más tarde, se consiguió fabricar grandes hojas de vidrio, y pronto se pudo llegar a acristalar toda una fachada.
Esta nueva arquitectura surgida hace un siglo, liviana y transparente, chocó en seguida con la arquitectura histórica de fachadas muy macizas con pocos huecos verticales. Aún hoy sigue creando polémica que un edificio moderno se implante en un centro histórico. La búsqueda de un diálogo armónico entre lo nuevo y lo antiguo es el motivo de nuestra propuesta.